Caricias, otra forma de educar - El Obrador - Consultora en Psicología

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cariciasLas caricias representan el instrumento más potente de la formación humana, porque impactan sobre las emociones y sobre la salud, la autoestima y la pertenencia social. Las caricias son estímulos sociales de un ser vivo a otro que reconoce la existencia de éste. Enriquecen la vida emocional y ayudan a concretar cambios. También representan el instrumento más potente de formación porque impactan sobre las emociones y sobre la salud, la autoestima y la pertenencia social.

Además, sus resultados en la conducta se pueden verificar inmediatamente. Las caricias son una de las formas de intercambio del organismo con el ambiente, que también provee, además de estímulos sociales, energía y nutrientes en forma de alimento, agua y oxígeno. Una metáfora útil para comprender el concepto de caricias es la del organismo como “batería biológica”, que necesita periódicas reglas para su funcionamiento. En este sentido, existe toda gama de individuos: desde los extremadamente dependientes hasta los extremadamente solitarios, que pasan años autoacariciándose, mediante diálogos internos.

Dentro del útero materno, el feto se halla en contacto íntimo y total con la madre en toda su superficie corporal. Al nacer, esta intimidad física se interrumpe abruptamente y para siempre. A partir de esto nuestra energía se dirige a reestablecer lo perdido. Ser abrazados, acariciados, abrigados, alimentados, alentados, elogiados. Si esto no es posible, al menos agredidos o compadecidos. Todas son formas de lograr el reconocimiento de nuestra existencia como seres independientes de un medio social. Se demostró que los bebés carentes de estímulos físicos suficientes reaccionan con gravedad acorde al grado de abandono. El bebé necesita ser acariciado, alimentado, mimado, higienizado, que se le hable con voz cariñosa, se lo mire y meza. Cuando crece esta necesidad suele desestimarse o reemplazarse por gestos que no siempre contemplan el contacto físico tan necesario para cargar las baterías.

La comunicación no verbal predominantemente física, aunque también visual o auditiva, con la madre, mantendrá cargada su batería biológica y, al mismo tiempo, estimulará su desarrollo mental. Si la madre rechaza o ignora al bebé, consciente o inconscientemente, éste responderá de la única forma que puede biológicamente. Además del llanto, pueden surgir enfermedades. Los niños privados no sonríen ante un rostro humano, mostrando diversos retardos en su desarrollo. También presentan diversas patologías. Cuando ese vínculo falla en la primera etapa, sigue fallado en las siguientes si no se busca repararlo.

Clasificación de las caricias.

Por su influencia en el bienestar (físico, psicológico, y social)
  1. Adecuadas (sanas): caricias que aumentan el bienestar a largo plazo.
  2. Inadecuadas (malsanas): provocan malestar a corto o largo plazo. *
Por la emoción o sensación que invitan a sentir
  1. Positivas: invitan a emociones o sensaciones agradables.
  2. Negativas: invitan a emociones o sensaciones desagradables.

Por los requerimientos o condiciones para darlas o recibirlas:

Por el medio de transmisión
  1. Incondicionales: se dan o reciben por el hecho de existir o ser.
  2. Condicionales: se dan o reciben por conductas objetivas (decir o hacer, o por no decir o no hacer).

Por el medio de transmisión

  1. Físicas: táctiles. Son las más potentes.
  2. Verbales: mediante el lenguaje oral.
  3. Gestuales: mediante lenguaje no verbal, a distancia: miradas, gestos, etcétera.
  4. Escritas. Ahora bien, ¿cuáles son las adecuadas?

Ejemplos

  1. “Te quiero, hiciste un buen trabajo, vos podés, perdón”. (Verbales).
  2. Buen humor, alegría, gesto de aprobación. (Gestuales).
  3. Abrazos, besos, mimos. (Físicas).
  4.  Una carta, mails, mensajes. (Escritas).
  5. Las inadecuadas “Burro, inútil, haces todo mal, vago”
  6. Gesto de desaprobación, ira, enojo.
  7. Golpes, violencia.
  8. Una carta, mail, mensajes de texto.

Muchos se preguntan: ¿está bien pegarle a un hijo? Siendo pequeño, entre uno a tres años, conviene darle una palmada en cola, con firmeza pero sin saña, inmediatamente después de que haya hecho algo indebido o peligroso, acompañada de una frase indicando qué debe hacer: “Tomame la mano al cruzar la calle”, “Acostate”, etc.

Nunca debe pegarse en la cara a un niño (ni a un adulto), ni insultarlo, ni posponer el castigo, así como tampoco el premio. Debe suceder inmediatamente el acto indebido, para asociarlo con la consecuencia. Un error habitual: “Cuando llegue tu padre a casa, verás lo que te pasa”. El niño pasa el día aterrorizado o bien “cobra” por algo que ya olvidó. Peor es el llamado por adjetivos calificativos. Por caso, al equivocarse, decirle “torpe” o “inútil”, en vez de indicar la conducta apropiada. Ejemplo: “Esto se hace así” y luego reforzarla con caricias positivas. Nunca debe atacarse la autoestima (la esencia de la persona). Otra forma de corregir a un niño es quitarle o prohibirle algo que le gusta cuando se porta mal, devolviéndoselo con un elogio cuando mejora el comportamiento. Otro camino es ignorar lo negativo: no dar caricias sobre conductas inadecuadas para extinguirlas, premiando con elogios o bienes materiales lo adecuado. Muchos padres creen erróneamente que esto es “sobornar”, que sus hijos deben cumplir sus deberes sin reconocimiento especial. Esto suele ser interpretado así por padres que han sido educados, a su vez, por sus propios padres de esa manera: criticando lo que está mal, sin reconocer lo que está bien. 

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